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La Coctelera

passingthrough

13 Julio 2005

Me puede pasar a mí

“Montse, lo tuyo con los pies es una obsesión.” Así se pronunció el marido después de que su mujer se probase el quinto par de zapatos.

Frases como ésta sacan a cualquiera de una ensoñación; incluida a mí, que gozo escuchando las sentencias lapidarias de pareja. Y es que Montse padece, como yo, un mal de muchas, poco apreciado por nuestros pares, pero que no es sino marca de carácter: el amor al vestido del pie.
El zapato me priva –como a Montse– de una forma diferente a cualquier otro vicio que yo haya podido tener, porque saca de mí una posesión casi infernal que el destino quiere que sea para terminar gastando y no asesinando a mi vecina del tercero. Quizá sea por los colores, o tal vez porque los pies son de una lo que más se mira al caminar (ojalá fuera yo de esas que llevan la cabeza alta y afrontan la línea del horizonte con la seguridad de un corredor de fondo). Aunque me encantaría saber la causa, sólo puedo decir que los zapatos me llaman, y que las zapaterías son un paraíso comercial donde mi cartera se rebela contra sus automáticos, impelida como nunca a liberar mi Visa de las ataduras mentales que la secuestran delante de escaparates de jamonerías, tiendas de teléfonos móviles o body shops, comercios de otros ramos hacia los que, en general, sólo siento un eventual cosquilleo dirigido a gastar calderilla; diez euros a más decir.

Por eso, Montse, quiso el mismo lugar que yo escuchara a ese esposo que no te entiende, que no distingue un piso de goma de un adoquín, y que sigue creyendo que el calzado de Villena tiene la misma calidad que las cangrejeras de un todo a un euro. Entre Montse y yo, entre una entregada a la planta del pie y yo, nació de repente una empatía distinta, y en sus ojillos vi que, finalmente, se decidiría por una zapatilla de esparto, básica, primaria, pero siempre funcional, en lugar de por la alpargata de suela de caucho. Su gesto, con el que me obligó a contener la sonrisa de complicidad que mi entendimiento brinda espontáneo cuando me pasan estas cosas, me llenó de orgullo. Su marido, que buscaba con los ojos una sombra de mercadillo, negó con la cabeza cuando me vio salir del tumulto junto a su Montse, con quien, además de la devoción a los pies (cada una a los nuestros, por supuesto), comparto el número: 39 europeo. ¿Se puede pedir más?

* La fotografía es de Chema Madoz (un grande), y la he sacado de www.arte10.com.

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11 Julio 2005

A veces, lo mejor es una buena mudanza...

1. Nosoträsh: "Electrodoméstico", Popemas.
2. Madness: "Our house", Total Madness.
3. David Gray: "Living room", Century ends
4. Elliott Murphy: "My father's home", Never say never.
5. The Broken Family Band: "Yer little bedroom", Welcome home, loser.
6. Charlie Mars: "Close to home", Charlie Mars.
7. Ashley Park: "Lonely lights of home", The secretariat motor hotel.
8. The Vines: "Homesick", Highly evolved.
9. Low Barlow: "Home", Emoh.
10. Air: "Bathroom girl", Virgin Suicides.
11. Fastbacks: "On the couch", Truth, corrosion and sour bisquits.

* La foto es de www.vancourier.com/gallery/gallery1.html.

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9 Julio 2005

El insulto: teoría y práctica

He estado pensando en eso de los insultos. Insultar es un deporte, una satisfacción, un privilegio del pobre, un premio de consolación. Se insulta al conductor que convierte su maniobra en un atentado contra nuestro coche, a la batidora que presuntamente batía y ha dejado de hacerlo, al chino que te vende un paquete de pan bimbo caducado. Insultamos al jefe, para nuestros adentros o con el refuerzo positivo de los compañeros; a los jugadores del equipo contrario; al amigo que consigue un trabajo mejor que el nuestro; al ex amigo que seduce a una ya ex novia. Nos liberamos insultando a la cajera que, tras horas y horas de contacto con monedas, nos devuelve de menos; al cajero automático que nos obsequia con un billete de 50 € más falso que la dentadura de José Luis López Vázquez; a los criminales que salen en las noticias (los otros, para su tranquilidad, no suelen ser insultados). ¡Qué decir de los árbitros!, hombres y mujeres cuya reputación más o menos ilustre se consolida sobre montañas de insultos, que, a veces, se caracterizan por proceder de personas que padecen peores defectos –psíquicos y físicos– que ellos.

El insulto no responde al pataleo; es el pataleo, la fórmula más rápida y gratificante de cagarse figuradamente en los parientes de quien por un instante (o quizá durante toda la vida) merecerían según nuestro criterio ser el blanco de una catástrofe nuclear.

En el insulto hay ira, pero también hay dolor, sentido del fracaso, rabia y un componente enorme de impotencia. El insulto es universal, y su objeto puede ser tan animado como una suegra o tan falto de circulación sanguínea como un martillo, y en esa homogeneidad reside su fuerza, su potencial.
Insultar es al disgusto lo que el yoga al tantra: una preparación, un paso previo. Insultar es entrenarse, asumir la pérdida, la derrota, el hecho de que hay uno –o muchos– mejores que tú.

Ahora bien, si el insulto sirve para dejar de sufrir, y se insulta sin mesura (gracias a que aún hoy el insulto es gratuito); si insultamos porque sí o porque la ocasión y/o la persona bien vale un insulto, ¿por qué nadie insulta a la cara de la mujer o el hombre que lo engaña? Si se insulta a sujetos tan indefensos como los muertos, los dueños de perros sin nombre o los taxistas, ¿por qué, en el momento de "Perdóname, pero me he acostado con tu amiga Nines" (hay quien sostiene que Nines es nombre de puta), sólo llega a nuestra lengua la interjección vacía ("¡¡Joder!!"), el aspaviento insignificante ("¡Lo sabía!"), la justificación de los humillados ("Desde el principio tuve claro que eras demasiado bueno para mí")?
¿Qué le falta a la traición amorosa para llenarnos la boca de palabras malsonantes, para empujar al pequeño Adolfo de nuestros adentros y golpear el ego hinchado del traidor con los insultos que luego jamás reconoceremos haber dicho?

La falta de valor y una súbita bajada de autoestima (similar en consecuencias a las bajadas de glucosa) son, sin duda, la causa de este respeto propio de quien nunca encuentra la palabra que busca para describir cualquier cosa. Por eso hoy, después de haber disfrutado de la película No sos vos, soy yo, recomiendo con gusto insultar a quien te pone los cuernos, y más todavía: sugiero hacerlo en caliente, con el golpe de voz aguda que la tensión imprime al berrinche, y disfrutar de un rato donde los traidores deben sentirse tan mal como no recuerden, tan fatal que no puedan olvidar.

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7 Julio 2005

No words

The Clash: "London calling".
Magnetic Fields: "All the umbrellas in London".
Morcheeba: "The great London traffic warden massacre".
The Smiths: "London".
Tindersticks: "Think of London".
Sex Pistols: "Streets of London".
The Jam: "London girl".
Van Morrison: "London bridge is falling down".
Pet Shop Boys: "London".

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6 Julio 2005

Londres 2012. Otro Madrid es posible

Eso, por vender pan y toros.

–Benjamin Biolay: "La vanité", en Negativ, 2003.
–Norfolk and Western: "Impossible", en Dusk in cold parlours, 2003.
–The Tears: "Imperfection", en The Tears, 2005.
–Damien Jurado: "Inevitable", en I break chairs, 2002

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6 Julio 2005

Debilidades

Debilidad: f. Falta de vigor o fuerza física. 2. Carencia de energía o vigor en las cualidades o resoluciones del ánimo.

Yo tengo de las dos. Después de diez horas de pelea con las leyes 30/1984 y 1/1986, quiero volar el Congreso de los Diputados y dinamitar la Asamblea de Madrid. No me queda fuerza ni para subir una foto que demuestre cómo soy incapaz de coger un boli tras este esfuerzo titánico, muy por encima del vuelo de trece horas a Singapur con que nuestros impuestos han obsequiado a Gallardón-faraón & Co.
Ha sido tal la pelea contra el tiempo para cumplir mis marcas, que me he ganado; por lo menos, dos aros olímpicos. Porque, ojo, yo también tengo crono, pero todo en mi vida oposicional se reduce a cantar un tema en menos de doce minutos, lo que hace de mis marcas registros un logro al alcance sólo de buenos veteranos.

Estoy tan extenuada, que ni el ejercicio de identificación con las Mujeres desesperadas va a salvarme de una rendición. O llegan mis minivacaciones, o me anulo.

www.otromadrid.org

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6 Julio 2005

De paseo por el lado plumilla

Nada que ver con el Orgullo, Gay, ¿eh? El jueves 28 estuve entrevistando a uno de mis grupos más queridos. Como siempre, me dio tanta vergüenza hacer preguntas, que los entrevistados me comieron el terreno y terminaron respondiendo más o menos lo que querían, y la cosa fue degradándose hasta que, al final, casi me preguntaban ellos a mí. Dejando de lado este oscuro deseo mío de hacerme pasar por plumilla ocasional, no revelo el nombre del grupo, pero sí que fue más que agradable charlar con ellos (o ser su sparring promocional, que también), y que auguro una entrevista más o menos digna en el número de septiembre de mi revista amiga.

Pistas: Son un trío de Nueva York y tienen cuatro discos.

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6 Julio 2005

En paralelo

Slow Dazzle: The view from the floor, 2005
Para quienes no sepáis nada de Mendoza Line, escribiré sólo que es un deber para cualquiera hacerse con alguno de sus cuatro últimos discos. Slow Dazzle es el proyecto paralelo de Shannon y Timothy, dos de los componentes de Mendoza Line, y, como parece, han tomado su nombre de un tema de J. J. Cale. Lejos de su onda más folk, en Slow Dazzle se dan el gustazo de pasear por ambientes más oscuros, y la nocturnidad define bastante bien su primera intentona al margen de M. L. Hay algunas canciones emotivas, como "A welfare State" o "Wedding dance", y otras de corte personal, como las dos que cierran el disco, pero todas son opacas y conmovedoras a la vez.

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