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La Coctelera

passingthrough

22 Septiembre 2005

Los miedos #1

Cuarenta y cinco días más tarde sigo siendo la misma persona; en pijama, pero sigo siendo yo. He buscado la forma de contar esto en un idioma que haga que no me afecte, que las palabras sean de otros y por tanto permitan a mi historia escaparse de mí, que me la roben, pero no encuentro en el mundo un abecedario que no sienta. Así que he decidido volver a empezar, ahora que nada ha terminado y, por tanto, el final de la página no tendría por qué significar el final de las cosas.

Lo hice mal, me equivoqué, y los errores de bulto tienen en gente como yo consecuencias fatales, porque tiendo, y eso ya lo pensaba mi madre, a sobrevalorar esas emociones que a los demás les pasan inadvertidas. Un "¡ay!" es en cualquiera el resultado del pisotón de la hora punta, el pinchazo de una espina rebelde o el dolor puntiagudo de un pellizco poco oportuno. En mí… En mí es siempre algo con mayúsculas, una exageración, el pie para una novela o incluso una tentativa de suicidio. Lo reconozco: soy débil, y mis catástrofes me refugian mucho más que las paredes. Huyo del fracaso porque siempre me ronda, y nadie sabe, como sí sé yo, que la amenaza de una sombra produce dolores mucho más profundos que cualquier agonía.

Desde que aquello pasó, y pasó porque yo lo recuerdo, no podría salir a la calle ni aun siendo invisible. Temo al viento, a los ecos de voces que recorren las calles de la ciudad. Temo al pronóstico del tiempo, al portazo que no deja ver, a las personas que no saludan ni para responder a los adioses de otros, al vecino que en la intimidad de un ascensor niega incluso los monosílabos. Tengo miedo, y el miedo, de tanto estar, ha empezado a gustarme por ser tan buen compañero, porque se queda a pesar de que desde que llegó le sugerí que debía marcharse.

Hoy he perdido en el camino la carne de gallina; ya no se me eriza el vello, ya no me tiemblan las piernas, no titubeo por la falta de confianza y el fracaso ha dejado de suponer aquellas náuseas que hace algunos años paralizaban desde el primero hasta el último de mis nervios. El miedo no está en mí porque el miedo es yo, porque me ha convencido y ya camino con él. Tengo miedo; sí, pero nada lo evidencia dadas las circunstancias de miedo superlativo. El miedo se me comió, porque ahora sólo pienso en no volver a repetir aquello que hizo crecer el pánico como un sol cuando amanece.

Cierro los ojos y lo veo, veo aquella tarde noche de domingo en que tanta gente esperaba que yo acertase; aquella tarde noche en que tanta gente se fue a casa sin conseguir lo que buscaba. Es terrible sentir sobre la espalda el peso de diez mil deseos. La alerta de su incertidumbre se cuela hasta el fondo de uno como si uno le hubiese abierto las puertas, y entonces no hay nada que hacer excepto ver la propia equivocación, a cámara lenta y de una manera tan intensa que parece que, en vez de protagonista, se es espectador.

Lo hice. Lo intenté y fallé, y después de aquello nada volvió a ser como era y decidí que mi ridículo merecía mucho más que unos días de arrepentimiento, por lo que consideré justo no volver a salir de casa hasta que el tiempo me dé la oportunidad de ser olvidado. Quiero para mi horrorosa puntería un indulto que sólo la generosidad puede darme. Quiero que haber lanzado el balón al cielo en aquel penalti en una tarde noche de domingo sea pronto un recorte borroso de periódico antiguo, y que el miedo, mi compañero, se marche para comerse a otro con un cuerpo tan lleno de fracaso como el mío.

* La foto es de don Ignacio, que me cede el vértigo en todos los parques de atracciones.

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marcela

marcela dijo

Miedo, tirito y me recuerdo que cuando pasamos la punta del huracán y yo aún no recojía a mi gato.
Miedo a que me parta un rayo o se me caiga el postizo antes de llegar a casa.
Miedo a que los calcetines estén rotos cuando voy a comprarme zapatos nuevos.
Miedo a que me quedé sin conección y no te pueda decir que bien se siente el miedo cuando es tan habitual como sonarse la nariz o reír ante el hecho de que los únicos miedos naturales son el miedo a caerse de una altura y el miedo a los ruidos fuertes.
No será que el mismo miedo te da miedo?...

22 Septiembre 2005 | 09:59 PM

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